Dibujo de una tienda de campaña y una fogata en el campo

Discriminación. La hipócrita realidad paralela

Hay situaciones que en pleno siglo XXI deberían no existir nunca. Sin embargo, una niña con discapacidad ha sido expulsada de un campamento alegando razones, o más bien excusas, ridículas. Por mucho que se hable de igualdad e integración queda mucho por hacer. La discriminación sigue presente.

La hipócrita realidad paralela

A veces creemos que la sociedad ha avanzado, que está comprometida con las minorías, que no es necesario explicar porqué existe un día del Orgullo o porque es necesaria la integración de las personas con discapacidad.

Pero, de repente, un día cualquiera, una noticia te despierta de esa realidad «paralela». Y te quedas sin palabras. Sin palabras de la rabia que te quema por dentro o de la perplejidad que te causa la situación. Discriminación por tener una discapacidad.

Este artículo sale de lo más profundo de mis sentimientos. Tal como fluye mi indignación tras leer la noticia de que una niña ha sido «expulsada» de un campamento porque sus compañeras de cuarto no querían compartirlo con ella y porque sus mamás no podían tolerar tal injusticia.

La noticia de Inés y el campamento sin valores

Pero antes de seguir con mis reflexiones, te dejo el enlace a la noticia de El Diario para que tengas el contexto apropiado: Un campamento de inglés expulsa a una niña de once años con necesidades especiales tras la queja de varios padres.

Muchos otros medios se han hecho eco de la noticia así que también puedes buscar por redes y Google y encontrarás mucha más información. De hecho una legión de twiteros también se dejaron caer por la cuenta de la empresa que organiza el campamento para dejarles sus impresiones al respecto. No tiene desperdicio.

Sin duda, la historia es un despropósito tras otro. Y lo peor es que la protagonista es una niña. Una niña de 11 años que se da cuenta perfectamente de lo que ocurre y que le han destrozado sus vacaciones y también su corazón. No entiende qué es lo que ha hecho mal pero se siente culpable.

Que sepas, Inés, que tu no tienes ni una pizca de culpa de que exista gente con tan poca empatía y corazón. Tú eres afortunada porque tienes una familia y mucha gente que te apoya incondicionalmente. Y porque eres especial y, a pesar de las gilipolleces de alguna gente, serás feliz y vivirás tu vida como una gran luchadora que eres.

Por un pequeño retraso madurativo que apenas le resta autonomía la echan del campamento. Excusa tras excusa: que si no tiene nivel de inglés para el campamento, que si las compañeras se quejan, que si las madres de las compañeras no pueden permitir que sus hijas compartan habitación con ella, que si las monitoras no tienen ni ganas ni conocimientos para ayudarle… Alucinante.

¿Donde están los valores?

Cuando era niña me encantaba ir de campamento. Su significado, para mí, era de libertad, de compañerismo, de aprender valores jugando y disfrutando de la naturaleza. Hacer amigos, todos diferentes, de diferentes lugares, con ganas de descubrir el mundo y compartir una fogata bajo las estrellas mientras la vida pasaba sin preocupaciones.

Todos diferentes. Todos iguales. La diversidad estaba, está y estará siempre ahí, en la sociedad. Convivir con ella es la mejor forma de combatir la discriminación de cualquier tipo. Un niño no odia lo diferente, le llama la atención, le causa curiosidad, pero nunca rechazo. Somos los adultos con nuestros prejuicios los que contaminamos su mirada.

Unos padres que no invitan a un cumple a un compañero de clase porque es diferente le están dando un mal ejemplo a sus hijos. Y ahí comienza todo.

Por miedo, por desconocimiento, por no saber el daño que hacen… Pero los niños son como esponjas y si ven que sus padres se comportan de manera diferente con otra persona, ellos también la verán como diferente. Un círculo vicioso.

Valores, valores, valores. Es lo que necesitamos. Mucho se habla de que la sociedad de hoy no tiene valores. Que se ha perdido la esencia, la humanidad, la empatía… Y viendo este tipo de noticias quizá sea verdad.

En verano se merecen descansar de la discapacidad

Y el colmo de la noticia es la excusa de las mamás de las compañeras de habitación de Inés. Se quejaron porque «sus hijas están en un colegio de integración» y «cuando llega el verano se merecen disfrutar del campamento sin tener que estar con estos niños«.

¡Toma ya! ¡Que sus niñas necesitan un respiro de convivir con gente con discapacidad! Es que es una carga enorme tener que soportarlos por lo que se ve. Imaginaos si tuviesen que vivir la discapacidad desde dentro cada día, cada hora, cada minuto de su vida… ¿Cómo descansarían de eso?

Y no quiero con esto dar una imagen negativa de la discapacidad como si la vida de una persona con discapacidad fuera una tortura. Tenemos momentos buenos y momentos malos como todo el mundo pero también hay que reconocer que muchas más barreras nos encontramos por el camino. Más lucha, sí pero también mucha más satisfacción cuando se logran sobrepasar los obstáculos.

Realmente no soy capaz de entender qué es lo que pasa por la cabeza de esas madres ni cómo permiten que le hagan eso a Inés. Falta de empatía, de valores, de corazón… Falta de humanidad. ¿Qué tipo de educación le están dando a sus hijas?

La discriminación. El bullying de verano

Por muchas campañas anti bullying este sigue presente y no sólo en el colegio sino también en el tiempo de ocio. La discriminación existe aunque mucha gente la ignore.

No hace mucho nos hicimos eco de un estudio pionero en España sobre el acoso escolar a niños y niñas con discapacidad. Parece la práctica mayoría de las conclusiones del mismo se ven reflejadas en este caso aunque desgraciadamente añadiendo el componente de los adultos. Tanto madres como monitores y responsables del campamento son totalmente cómplices de este caso de bullying por muchas excusas que inventen.

Lo ocurrido en ese campamento, tal y como nos lo han contado, es totalmente denunciable y, de hecho, el CERMI ya ha denunciado ante la Fiscalía el caso de Inés. Esperamos que se aclaren todas las circunstancias y se depuren responsabilidades.

Aún hay esperanza en la humanidad

La cara amable de la noticia es que, al poco de conocerse, otros campamentos de toda España se han ofrecido para acoger a Inés en sus colonias. Según alguno medios la familia ha agradecido las muestras de apoyo pero ha declinado las ofertas.

La madre de Inés también ha querido dar testimonio de la discriminación que ha sufrido su hija. En una carta lanzada a los medios da su versión y explica como han vivido estos intolerables acontecimientos.

SI quieres puedes leer la carta en el siguiente enlace a la noticia del diario ABC: La carta íntegra de la madre de la niña con necesidades especiales expulsada de un campamento.

Discapacitada no. Persona con discapacidad, por favor.

Y ya para finalizar con este artículo / reflexión / desahogo, solo quiero apuntar que los medios y gran parte de la sociedad sigue sin entender que no somos discapacitados sino personas con discapacidad. Ese es el término normalizado y aceptado por el CERMI y demás asociaciones relacionadas con los diferentes colectivos.

Hay quien por ser más puntillos prefiere personas con diversidad funcional. Perfecto. Pero nunca discapacitados, por favor.

Ya lo hemos dicho muchas veces: Los discapacitados no existen.

Creo que se han quedado muchas cosas por decir respecto a esta canallada que le han hecho a Inés. Cada uno puede sacar sus propias conclusiones.

Podemos perder la fe en la sociedad, cabrearnos pero siempre nos toca seguir adelante y asumir el reto de luchar contra esta y otras injusticias.

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