bandeja de cecina en lonchas y palitos de pan con dos copas de vino tinto de león

Olores que recuerdan y cata de cecina a ciegas

Los olores nos recuerdan a momentos tanto buenos como malos. Y son también los olores los que nos permiten conocer matices que pueden pasar desapercibidos a otros sentidos.




Anoche estaba en casa tranquilamente cuando de repente empiezo a oler a algo muy rico. No conseguí descifrar qué era exactamente pero sí sabía que me recordaba a algún momento de mi infancia a muchos kilómetros de donde vivo hoy.

Y es que tengo una vecina que, tan solo por el olor de sus comidas, deberían llevarla a Masterchef.
Cada día que llego a casa de trabajar con un hambre voraz me recibe un olor a comida de verdad que casi te hipnotiza. Y luego yo por pereza y tiempo me acabo haciendo unos fideos instantáneos. Una tortura, vaya.
Estoy por proponerle un trato a cambio de probar esos manjares.

Bueno, dejemos a un lado la comida de la vecina, que ya me empieza a caer la baba de recordar el olor.

Hoy quería hablaros de eso. De como los olores y los sabores pueden ser portadores de recuerdos tan o más importntes que una fotografía o un vídeo.

Se suele decir que las personas que tienen disminuido un sentido tienen más desarrollado otro. No creo que sea un axioma que se cumpla tan generalmente como pensamos pero algo de razón sí que tiene. Si te falta algo siempre intentarás compensarlo de alguna manera.

A mi me pasa con los olores y a veces con los sabores. Sin embargo, hacía tiempo que no me impactaba tanto reconocer un olor tantos años después.

Ese olor (que curiosamente no pude definir) me transportó a aquellas noches de verano tan largas cuando aún no se había ido el sol del todo y mi hermano y yo jugábamos en la huerta mientras mi abuela cocinaba algo para cenar: ¿una tortilla de chorizo? ¿unas patatas con pimientos fritos? ¿unos huevos con pan de millo?…

Una escena de lo más normal pero a la vez tan preciada en mi recuerdo hoy en día por lo imposible de que se vuelva a repetir.

Y sí, esto también tiene una explicación científica. Nos lo cuentan en la web Etapa Infantil con su artículo Los olores de la infancia grabados en el recuerdo. O en este artículo de El Mundo Salud: El olor de los recuerdos.

Y como no, ya hay empresas que lo han explotado como negocio. Puedes leerlo en este artículo de Europa FM sobre la cafetería Supersense: Crean olores para recordar nuestras experiencias más bonitas.

Y es que a veces nos olvidamos de que tenemos 5 sentidos y no los potenciamos tanto como deberíamos a pesar de que son importantes.

Necesitamos volver un poco a nuestros instintos más primitivos para descubrir experiencias a niveles sensoriales más altos.

Una persona ciega, por ejemplo, se centra en otros sentidos diferentes al de la vista para vivir su entorno lo que le permite percibir muchos más matices que al público general se le escapan.

Un ejemplo muy claro es la tendencia que hay hoy en día de realizar catas a ciegas de productos alimenticios.

Inhabilitando el sentido de la vista, no tenemos más remedio que centrarnos en olores, sabores y texturas y con ello podemos percibir matices muy interesantes.

Y en una cata de ese estilo estuvimos recientemente Glo y yo. León este año es la Capital Gastronómica y se están llevando a cabo diferentes actividades para promocionar sus maravillosos productos. Que no son pocos.

Uno de los más conocidos es la cecina. Por eso, el Ayuntamiento de León y la ONCE colaboraron para organizar una cata a ciegas de este manjar para conocer sus características y saber diferenciar entre un producto de calidad y otro que no.

Fue una experiencia multisensorial muy enriquecedora.

La iniciativa fue desarrollada por la Indicación Geográfica Protegida (IGP) Cecina de León. Raquel Factor, su directora técnica, ejerció de maestra de ceremonias y quién nos guió en el desarrollo de la cata.

Siguiendo sus inidicaciones nos centramos en las apreciaciones olfativas (ahumado y aroma), gustativas (salado y ahumado) y en la textura (jugosidad y masticación correcta) de tres tipos de cecina bien diferentes.

De las tres una nos convenció a todos y otra fue un “fail”. Era una carne que se decía llamar cecina de León pero no cumplía con los requisitos de la IGP.

De todos modos, si queréis ver como fue la cata, os dejamos un vídeo resumen que hicimos. Esperamos que os guste.

¿Y vosotr@s? ¿También recordáis momentos gracias a  los olores? ¿Habéis probado la cecina de León? Nosotras ya tenemos nuevos recuerdos grabados del olor a ahumado de la Cecina.




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