Columpio vacío. El acoso escolar a personas con discapacidad visual

El acoso escolar a personas con discapacidad


Descubre la alarmante realidad del acoso escolar que sufren las personas con discapacidad en España. Analizamos datos, casos recientes y ofrecemos recursos para construir entornos más seguros e inclusivos.

El acoso escolar de las personas con discapacidad

El acoso escolar es una lacra social que afecta a miles de niños y adolescentes en todo el mundo. Sin embargo, para las personas con discapacidad, esta problemática adquiere una dimensión aún más preocupante. Recientes sucesos en España, como el indignante caso de agresión a un joven con parálisis cerebral en Santander en marzo de 2025, han puesto de manifiesto la extrema vulnerabilidad a la que nos enfrentamos y la necesidad de abordar esta realidad de manera integral y urgente.

Este artículo hablaremos sobre nuestras sensaciones personales sobre lo ocurrido, pero también profundizaremos en información y datos importantes sobre la magnitud del acoso escolar contra personas con discapacidad, explorando sus diversas formas, el devastador impacto en las víctimas, los factores que contribuyen a esta situación y, lo más importante, las posibles soluciones y los recursos disponibles para combatirlo.

Santander, 2025

El ser humano no para de sorprenderme en esta sociedad en la que, a pesar de tener a su alcance toda la información posible, parece que involuciona. ¿Cómo es posible que existan niños, jóvenes o adultos (que también los hay) que disfruten acosando y haciendo daño a personas indefensas? Bueno, realmente indefensos o no, cada vez estamos notando una escalada de violencia y cero empatía que asusta.

Falta de valores, de respeto, de concienciación, de solidaridad… Esa impunidad y egoísmo que va creciendo en las nuevas generaciones. No quiero generalizar, porque sería injusto, pero en un balance comparativo con décadas atrás, es obvio que algo falla.

El último episodio ha sido el de un chico con parálisis cerebral en silla de ruedas llamado Antonio al que unos “compañeros” le pegaban y hostigaban mientras lo grababan en vídeo. Y ya eran mayorcitos para no darse cuenta de lo que estaban haciendo. ¿En qué cabeza cabe eso?: “Soy gilipollas y a la vez lo subo a las redes para que vean mi hazaña”. Increíble.

Ver las imágenes de ese pobre chico intentando librarse de los golpes es duro. Muy duro. Y además te sube una impotencia por dentro y unas ganas de decir cuatro cosas bien dichas. Mucha gente así lo ha expresado en las redes, con más o menos educación.

Mucho revuelo se ha montado, como debe ser, aunque tampoco deberíamos caer en las venganzas y amenazas que se han lanzado a los acosadores. Una parte de mí quizá pensaría que un poquito de susto no les iría mal (mi trocito de adolescente que también sufrió bullying) pero mi parte racional sabe perfectamente que debería ser la justicia y un castigo ejemplar los que deberían ponerse en práctica. De todos modos, permitidme poner en duda que un ser que hace esas cosas con 16 o 17 años pueda hacer examen de conciencia y se vuelva una buena persona. Ojalá fuese así.

La cruda realidad: estadísticas alarmantes

Para tener una visión más global, hemos buscado información sobre el acoso escolar hoy en día y los datos hablan por sí solos: más del 90% de los alumnos con discapacidad en la educación ordinaria han experimentado acoso escolar. Esta cifra, señalada por el Consejo Español para la Defensa de la Discapacidad y la Dependencia (CEDDD), contrasta drásticamente con el 3% registrado en centros de educación especial, lo que sugiere que entornos con mayor apoyo y comprensión actúan como factores de protección.

La percepción de la propia «diferencia» como un factor de riesgo para ser víctima de acoso es una realidad para el 80% de los estudiantes con discapacidad, según estudios de la Fundación ONCE y CERMI. La situación es especialmente crítica para los estudiantes con discapacidad intelectual, donde 8 de cada 10 sufren acoso escolar.

Más allá de las estadísticas, los casos concretos nos muestran la crueldad de esta problemática. El incidente de Santander cuyas imágenes se viralizaron, generó una justificada indignación. La respuesta inicial de las autoridades escolares, considerada insuficiente por la familia, subraya la necesidad de protocolos más contundentes y sensibles.

Otro caso denunciado en Getafe (Madrid) en mayo de 2024, que incluyó amenazas, insultos y agresiones físicas a un niño también con parálisis cerebral, evidencia que el acoso no es un hecho aislado. COCEMFE Alicante, al pronunciarse sobre el caso de Santander, recordó una cifra escalofriante: 9 de cada 10 estudiantes con discapacidad sufren acoso escolar, a menudo comenzando con burlas aparentemente inofensivas.

Las múltiples caras del acoso: más allá de la agresión física

El acoso hacia personas con discapacidad adopta diversas formas, dejando profundas heridas en las víctimas:

  • Acoso físico: Golpes, patadas, empujones (como en el caso de Santander), daños a pertenencias o dispositivos médicos.
  • Acoso verbal: Insultos, motes ofensivos, burlas sobre la discapacidad, difusión de rumores.
  • Exclusión social: Aislamiento, rechazo, impedir la participación en actividades grupales, ignorar a la persona. Más del 30% de los estudiantes con discapacidad se sienten aislados.
  • Ciberacoso: Difusión de mentiras o fotos/videos humillantes online, envío de mensajes hirientes, suplantación de identidad, acoso online basado en la discapacidad. Un estudio reveló que el 72.9% de las personas con discapacidad han sufrido ciberacoso, frente al 50.4% de quienes no tienen discapacidad.
  • Acoso por discapacidad: Comportamiento abusivo o intimidatorio debido a la discapacidad, creando un ambiente hostil.

Esta problemática no se limita al ámbito escolar, extendiéndose también al entorno laboral, donde las personas con discapacidad también se enfrentan al acoso y al hostigamiento.

El impacto devastador: cicatrices psicológicas y emocionales

El acoso escolar deja profundas secuelas en la salud mental y emocional de las personas. Incluso quedando patente en su edad adulta. En el caso de la discapacidad este impacto se multiplica. Las más generalizadas son:

  • Ansiedad y miedo constante.
  • Mayor riesgo de desarrollar depresión. Un estudio reveló que el 33% de los estudiantes afectados por el acoso sufrieron depresión.
  • Baja autoestima.
  • Aislamiento social.
  • En casos graves, pensamientos suicidas.
  • Síntomas físicos como dolores de cabeza, estómago e insomnio.
  • Impacto negativo en el aprendizaje y el rendimiento académico, provocando absentismo, bajas calificaciones y dificultad para concentrarse.

¿Por qué las personas con discapacidad son más vulnerables?

Diversos factores explican la mayor vulnerabilidad de las personas con discapacidad al acoso:

  • Estereotipos y prejuicios sociales negativos.
  • Falta de conciencia y comprensión sobre las diferentes discapacidades.
  • Actitudes discriminatorias y capacitismo.
  • Diferencias físicas o de comunicación visibles.
  • Posibles déficits en habilidades sociales.
  • Desequilibrios de poder que los agresores aprovechan.
  • Aislamiento y falta de apoyo social.
  • En algunos casos, dependencia de otros para el cuidado y el apoyo.

Cómo prevenir y crear entornos seguros

Para abordar esta problemática de manera efectiva, es crucial implementar estrategias y programas en diversos contextos:

  • Implementar políticas y protocolos integrales contra el acoso que aborden específicamente el acoso por discapacidad.
  • Educar a los estudiantes sobre qué es el acoso, su impacto y cómo denunciarlo. Proporcionarles información sobre derechos y recursos disponibles.
  • Promover la conciencia y la inclusión de la discapacidad a través del currículo y actividades.
  • Capacitar al personal escolar para reconocer y responder eficazmente a los incidentes de acoso.
  • Crear programas de apoyo entre compañeros y de acompañamiento.
  • Establecer sistemas de denuncia claros y accesibles.
  • Involucrar a los estudiantes con discapacidad en el desarrollo de estrategias contra el acoso.
  • Educar sobre seguridad online, configuración de privacidad y cómo denunciar el ciberacoso. Promover el pensamiento crítico sobre el contenido online y fomentar interacciones saludables.
  • Desarrollar estrategias específicas de prevención e intervención para el ciberacoso dirigido a personas con discapacidad.
  • Enseñar habilidades para comunicar necesidades y responder al acoso con asertividad y alentar a hablar y buscar ayuda de adultos de confianza.

Recursos y organizaciones de apoyo

Existen numerosas organizaciones y recursos que brindan apoyo a personas con discapacidad víctimas de acoso escolar:

En España tenemos principalmente:

  • Línea telefónica nacional contra el acoso escolar: 900 018 018.
  • Fundación ANAR (línea de ayuda para niños y adolescentes): 900 20 20 10 y servicio de chat.

A los que tenemos que añadir el Teléfono de la Esperanza, las diferentes asociaciones de apoyo para personas con discapacidad que suelen tener programas y planes para estos casos de acoso, la Asociación Española para la Prevención del Acoso Escolar (AEPAE) y la Fundación en Acción contra el Acoso (FUNACO).

Además en 2017 se lanzó la primera Guía para prevenir el acoso escolar por razón de discapacidad.

Actuar ahora para un futuro inclusivo y respetuoso

La prevención del acoso escolar contra personas con discapacidad es una responsabilidad colectiva que requiere un compromiso social amplio. Fomentar la inclusión en escuelas, lugares de trabajo y comunidades promueve un sentido de pertenencia y aceptación. La empatía, la capacidad de comprender y compartir los sentimientos de los demás, ayuda a prevenir comportamientos dañinos. El respeto hacia todas las personas, independientemente de sus capacidades, desafía los estereotipos negativos y fomenta una cultura de aceptación.

El acoso escolar a personas con discapacidad es una realidad urgente que exige una acción inmediata y coordinada. Necesitamos trabajar juntos para prevenir el acoso y promover la inclusión, la empatía y el respeto como valores fundamentales en nuestra sociedad.


2 comentarios sobre “El acoso escolar a personas con discapacidad”

  1. Son indignantes este tipo de casos, los que en Argentina alguna que otra vez también aparecen; y digo «alguna que otra vez» no en el sentido de que sean infrecuentes, sino en cuanto a que hace bastante que no se viraliza ninguno.
    Yo no sé si el fenómeno es tanto peor que hace diez años. A bote pronto yo también suelo decir que todo se está yendo cada vez más a pique y ciertamente las redes sociales —pese a sus grandes virtudes— amplifican las peores facetas de los seres humanos, pero no es menos cierto que a diferencia de varias décadas atrás esta, la del bullying, es una problemática de la que ahora se habla pero antes también estaba ahí y quizá con peor respuesta, en el sentido de que era corriente que las autoridades hicieran la vista gorda.
    Es real, lamentablemente, que entre las personas con discapacidad las que tienen discapacidad intelectual están en peligro aún mayor, producto de que tienen mayores desventajas a la hora de procesar la información, la escrita/dicha y la que se va sobreentendiendo a base de la experiencia, sobre las diversas interacciones sociales.

    En mi caso particular, en la escuela prácticamente no me acosaron en el sentido de agresiones concebidas como tales, físicas ni verbales. No porque todos mis compañeros fuesen buena gente a aquellas edades, sino porque, como yo siempre estuve mentalmente cómodo con el hecho de ser ciego, cuando a alguien se le ocurría alguna burla al respecto, a mí mismo me resultaba gracioso e incluso a veces redoblaba la apuesta con otra burla que complementara a la primera; de modo que, cosa que entendí bastante rápido porque —por más que ahora no me enorgullezca de ello— yo mismo alguna vez hice bullying a algunos compañeros, como la gracia de burlarse de alguien era que ese alguien se sintiese mal o se enfadara, yo no me enojaba y, entonces, molestarme a mí no tenía gracia.
    Sí puede decirse que sufrí un poco de acoso referido al aislamiento social y a la intimidación, a raíz de conductas que, por no concebidas para ser agresiones o burlas, son las más difíciles de hacer comprender por el resto de la población como acoso, aspecto sobre el que este artículo resulta interesante en cuanto lleva a reflexionar. Además del caso típico de que rara vez me invitaban a salidas en grupo, ocurría con frecuencia y me ha marcado hasta hoy que, cuando le comentaba a alguien al pasar que determinada chica me parecía guapa, me gustaba o afines, sin importar cuán cursi o de procaz pajillero fuese la forma en que lo dijera, el extrañamiento producto de que todos tienden a pensar la belleza exterior exclusivamente desde una perspectiva visual llevaba a que enseguida mi interlocutor(a) corriera la voz de que yo decía eso y, junto con los que se iban acercando, comenzara un interrogatorio con preguntas del tipo «¿Y cómo sabes que es guapa?» «¿Quién te dijo? ¿La has tocado?», «¿Qué te gusta de ella?», etc. Debido a eso, actualmente tiendo a sentir que todo el mundo me está observando cuando tengo que hacer declaraciones de ese tipo, de tal suerte que sólo suelo armarme de valor suficiente ante mujeres de mucha confianza que me transmitan sutilmente la tranquilidad de que nadie más me está escuchando.

    Lo que también considero necesario en las estrategias de concienciación, obviamente siempre adaptado en función de cada discapacidad y en la medida de lo posible personalizado para cada grupo, es correrse de la idea del discapacitado víctima o vulnerable como absoluto. Y es que si los discapacitados somos personas como cualquiera, con sus más y sus menos, esos menos incluyen también miserias de las que pueden encontrarse en todo ser humano, por ejemplo, que yo mismo —ciego de nacimiento— hiciese bullying a algunos compañeros.

    Saludos desde Argentina y, como siempre, muchas gracias por compartir vuestras perspectivas.

    1. Hola Fernando. Muchísimas gracias por tu reflexión. Totalmente de acuerdo contigo en que las personas con discapacidad tampoco somos todos sontos y buenos. Somos personas como cualquier otra aunque en muchos casos el acoso escolar acaba recayendo sobre nosotros por ser diferentes. Saludos

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